20 de julio de 1810, la semilla de la libertad

Hay una historia de anhelo de igualdad detrás del acto simbólico de poner la bandera de Colombia frente a tu casa o edificio en esta fecha. Descubre lo que significa este momento en la historia de nuestro país.

El 20 de julio es un día festivo en Colombia. Hay desfiles militares, revistas aéreas y algunas personas ponen la bandera tricolor frente a sus casas o edificios.

Llevamos celebrándolo 212 años, pero ¿sabes con certeza qué pasó? ¿Por qué es tan importante?

Es algo que vemos en Historia de Colombia en el colegio. No obstante, la teoría tiende a convertirse en paisaje. Y es que un mismo acto repetido tantas veces se vuelve rutina.

Hoy queremos recordarte por qué la conmemoramos y qué significa para nuestro país que los hechos acaecidos en ese momento hayan tenido lugar.

¿Qué pasó? 

El 20 de julio de 1810 en la entonces ciudad de Santafé de Bogotá del virreinato de la Nueva Granada, 53 hombres de la élite criolla del país firmaron el Acta del Cabildo Extraordinario de Santafé.

Esta sirvió para expresar públicamente un ideario emancipador, que permitió una movilización desconocida de todos los sectores sociales de la capital y que enseñó una acción concertada de sus líderes. Así lo afirma el historiador Pablo Rodríguez en el libro Días de gloria de la independencia hispanoamericana.

Esto significa que no fue fruto de un hecho accidental, como se ha popularizado gracias al famoso altercado del florero de Llorente, sino un evento planeado.

Un plan orquestado

Era viernes y la Plaza Mayor de Santafé se encontraba llena de criollos, españoles y campesinos por ser día de mercado. En la zona vivía el Virrey Antonio José Amar y Borbón Arguedas, a quien le fue encomendado el cargo desde 1802.  

En una esquina de la Calle Real, el comerciante español José González Llorente despachaba en su tienda de sombreros, vajillas, floreros y diademas. Hasta ella llegó Antonio Morales, miembro del cabildo de Santafé, que iba en compañía de su padre Francisco. Le solicitó al propietario el préstamo de un florero para llevar al banquete de bienvenida que se iba a ofrecer en honor del criollo don Antonio Villavicencio, comisario regio.

Por ese entonces Villavicencio era quien representaba al gobierno español, una decisión tomada para sortear la crisis que sufrió la monarquía española luego del apresamiento del rey Fernando VII por parte de Napoleón. Su misión era la de asumir la autoridad monárquica en la colonia y ahogar las aspiraciones independentistas que empezaban a hacerse evidentes. Pero no alcanzó a llegar, porque su viaje desde Cartagena se retrasó.

Los anhelos de independencia que España quería ahogar ya estaban puestos sobre la mesa. De acuerdo con María del Rosario Vásquez, profesora de historia de la Universidad de la Sabana, todo comenzó la noche anterior, el 19 de julio. Ese día, reunidos en el Observatorio Astronómico de Santafé, los criollos (españoles nacidos en América) decidieron fraguar un plan para convocar a un cabildo abierto y nombrar una Junta de Gobierno que reasumiera el poder en representación del rey.

Que Morales fuera a la tienda de Llorente formaba parte del plan. La intención era justamente crear un escenario que caldeara los ánimos.

¿Qué fue lo que ocurrió? Si bien hay muchas versiones, se dice que Llorente negó el préstamo solicitado. Francisco José de Caldas, quien pasaba por el frente del lugar, —algo que también se definió con anterioridad—, intervino, juzgando con dureza al español. Para entonces lo que era un simple desacuerdo, terminó en disputa.

Antonio y su padre se fueron en contra de Llorente y el primero le asestó un puñetazo en la cara. La multitud se agolpó en torno al lugar y se empezaron a escuchar arengas: ¡Están insultando a los americanos! ¡Queremos Junta! ¡Viva el Cabildo! ¡Abajo el mal gobierno! ¡Mueran los bonapartistas! Comenzó la reyerta. 

Ese mismo día, a las seis de la tarde, se reunió un grupo de hombres, encabezado por José Acevedo y Gómez, Camilo Torres y Miguel de Pombo, para la firma de la famosa Acta de la Independencia, que se convirtió en la semilla del anhelo de liberación del yugo monárquico español. Sin embargo, no fue una intención expresa, sino, más bien, un deseo de que el poder fuera compartido por igual entre criollos y españoles.

¿Pero qué decía? En un artículo de El Tiempo, publicado el 29 de diciembre de 1997, se resume su esencia en cinco puntos: “que la autoridad quedaba depositada interinamente en la Junta Suprema del Nuevo Reino de Granada, es lo primero; que la entidad convocaría el Congreso, contando con el envío de diputados de las provincias, y en conjunto dictarían una Constitución para la felicidad de la patria, se estipulaba a continuación; luego se pronunciaba la Junta por un sistema federativo representado por la capital para garantizar, decía, la seguridad del país; agregaba después y fue esto lo más importante de la declaración que la soberanía popular sería depositada en la persona del augusto y desgraciado monarca Fernando VII, siempre que venga a reinar entre nosotros, y, por último, reconocía formalmente el nuevo gobierno a la Junta de Regencia Superior de España en ausencia del rey Fernando, cautivo de los franceses”.

¿Qué sabes tú de lo que pasó ese 20 de julio? Cuéntanos en los comentarios.

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