Aguadeños: las manos artesanas detrás del tradicional sombrero colombiano

Esta pieza de artesanía fina pasa por un largo proceso en el que intervienen al menos seis personas. ¿Quiénes son y qué hacen? Te contamos.

El sombrero aguadeño es una pieza representativa de la riqueza artesanal que tiene Colombia. Su laboriosa construcción se realiza ciento por ciento a mano y está en cabeza de un grupo de expertas artesanas que han dedicado su vida casi exclusivamente a la tejeduría.

El proceso solo se lleva a cabo en una población del norte Caldas, Aguadas, —de ahí su nombre— y la elaboración de una pieza puede tardar varios días e incluso semanas.

La historia de un sombrero aguadeño arranca con los pajeros. Ellos son los encargados de recolectar los cogollos de la palma de iraca para luego tratarlos mediante el proceso de ripiado, el cual permite sacar las fibras más finas y flexibles. Luego se cocinan en agua, se secan a la sombra y al sol y, finalmente, se estufan en un horno hermético con vapor de azufre para que logren su característico color natural.

Todos los jueves, viernes y sábados en las mañanas los pajeros van a Aguadas desde las veredas cercanas a vender la fibra procesada. Esta es adquirida entonces por las tejedoras, quienes le dan vida al sombrero en rama (sin terminar).

En el proceso de tejeduría, las artesanas pueden tardar entre 3 y 4 días, si el tejido es extra fino (fibra corriente), y entre 5 y 6 días, si es especial (tejido compacto elaborado con las mejores fibras). A veces mucho más.

Cada 15 días, un sombrerero de la región viaja a esa población y les compra la producción. Usualmente recoge entre 200 y 250 sombreros en rama, sin acabados y sin recortar.

¿Qué hace luego? Los beneficia. Esto significa que les quita los sobrantes, les da forma y los termina.

La primera parte del proceso es el pulido o el recorte de las fibras sobrantes y el corte del ala que se hace manualmente con una regla circular y un bisturí; luego, un artesano especializado los engoma y los pone a secar. Posteriormente, los prensa una primera vez para darles forma y los vuelve a engomar y a prensar para que esta se fije.

Después una costurera les pone los ribetes y en seguida el tafilete y la cinta. Finalmente, los marcan con un sello al calor.

Aguadeños MARIO HERNÁNDEZ

MARIO HERNÁNDEZ decidió exaltar esta pieza de artesanía fina llevándola al nivel de lujo por la belleza de su tejido; además, porque es un elemento representativo de nuestra riqueza cultural y de la abundancia artesanal que nos caracteriza, de nuestro lujo colombiano. Por eso los aguadeños están presentes en la marca.

La firma los adquiere directamente de la fuente no solo para asegurar su calidad, también para contribuir a la permanencia de una técnica que ha pasado de generación en generación.

Cuando los sombreros, sin cinta, sin tafilete y sin marcación, llegan a la fábrica de MARIO HERNÁNDEZ en Bogotá, los expertos de la marca los terminan. Es decir, se encargan de una de las partes más difíciles del proceso final: los acabados internos.

Luego, les ponen la cinta de cuero y los marcan al calor con el emblemático unicornio.

La colección de aguadeños de MARIO HERNÁNDEZ ofrece las dos versiones de tejido (extra fino y especial) para hombre y mujer, y las cintas están hechas en diferentes tipos de cueros y en variedad de colores.

Conoce la línea completa en www.mariohernandez.com.co

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