¿Qué es la colombianidad?

Cuando hablamos de colombianidad, nos referimos a lo que implica ser colombiano en el sentido extenso de estas dos palabras. No se trata solo de haber nacido en esta tierra, es decir, no aflora cuando llegas al mundo en esta parte del planeta; lo adoptas en el camino si resuena contigo.

Esto implica que nacer en Colombia no significa que te sientas colombiano o que abraces tu colombianidad. Un artículo publicado en la página web de Señal Colombia lo explica claramente: “La colombianidad está más relacionada con la identidad que genera hacer parte del país que con ser o no ser colombiano, de tal manera que alguien que no esté relacionado con nuestra gente bien puede identificar cuáles son esos elementos que caracterizan a la mayoría de colombianos”.

Pero, ¿Cuáles son esos elementos que el texto menciona?

De hecho son muchos. Algunos de ellos se relacionan con el patrimonio cultural de la nación; o sea, con los bienes materiales y las expresiones inmateriales, que son, entre otros, tanto la lengua castellana como las lenguas y dialectos de las comunidades indígenas, negras y creoles. También la tradición, el conocimiento ancestral, el paisaje cultural, las costumbres y los hábitos.

Tan colombiano como…

Hay muchas cosas que nos reconocen como colombianos: el café, la música, la alegría, la amabilidad, la gozadera, el baile… Pero más allá de cómo nos ven, la colombianidad hace referencia a cómo nos vemos a nosotros mismos. Así lo explica David Fernando Jáuregui Sarmiento en su texto Las películas de la colombianidad durante el momento de la Seguridad Democrática: “La colombianidad es la auto-representación de los colombianos sobre lo que significa ser colombianos. En otras palabras, es la manera en que los colombianos se ven a sí mismos: se construye a partir de las actitudes comunes, características comunes, construcciones simbólicas comunes, tradiciones, mitologías comunes, mitos fundacionales históricos comunes y, en fin, todos esos elementos que constituirían la comunidad imaginada para hacer una nación (…)”.

Así mismo los bienes materiales de naturaleza mueble e inmueble a los que se les atribuye especial interés histórico, artístico, científico, estético o simbólico en ámbitos como el plástico, arquitectónico, urbano, arqueológico, lingüístico, sonoro, musical, audiovisual, fílmico, testimonial, documental, literario, bibliográfico, museológico o antropológico.

No obstante, tienen una particularidad: no son estáticos. O lo que es lo mismo: van cambiando con el tiempo. Esto lo aseguran Santiago Castro-Gómez y Eduardo Restrepo en el libro Genealogías de la colombianidad: “Antes que de ‘colombianidad’, se hablará más bien de regímenes de colombianidad, entendiendo con ello los dispositivos históricamente localizados y siempre heterogéneos, que buscan unificar y normalizar a la población como ‘nacional’, al mismo tiempo que producen diferencias dentro de esta”.

Además asegura que la colombianidad es un sentimiento. Es decir, que ser colombiano despierta un sentido de identidad que no es simplemente la identidad nacional. “No solo se exalta pertenecer al país sino, precisamente, todo eso que significa hacer parte del grupo llamado colombianos y que va más allá de lo que dicta la Constitución”.

Es ese “tan colombiano como…” o “más colombiano que” que nos decimos a nosotros mismos, eso que sentimos nos representa:

  • Lo que podemos percibir, como los paisajes, la arquitectura de nuestros pueblos y ciudades, y la magia de nuestras reliquias históricas y arqueológicas.
  • Lo que podemos oler, como los buñuelos fritos en paila, la natilla en plena preparación, una humeante taza de café, el sancocho de leña al lado del río.

  • Lo que podemos escuchar, como el vallenato a todo volumen en la calle, las ballenas jorobadas en el Pacífico y los colibríes zumbando entre las flores.
  • Lo que podemos degustar, como los tamales, las empanadas de pipián, las arepas de maíz con mantequilla, un crujiente chicharrón.
  • Lo que podemos tocar, como la rústica sensación de las paredes de cal de las casas de Villa de Leyva, el delicado tacto del contorno de una orquídea y la suavidad de las arenas de Playa Neguanje en el Parque Tayrona.

Sin embargo, esto es solo una parte. También están esas actitudes y virtudes que nos caracterizan, las costumbres que adoptamos, los dichos, las expresiones, los agüeros, las leyendas, las historias de tradición oral, las técnicas artesanales, en fin… Todo lo que nos hace sentir orgullosos de haber nacido en esta tierra y que nos convierte un país único. Ese es el verdadero lujo colombiano.

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Colombia, un país único

¿Qué nos hace diferentes? ¿Por qué somos tan especiales? Rendimos homenaje a lo que propios y extraños exaltan de esta bella tierra.

Diversidad. Si hay algo que hace diferente a Colombia es esta palabra.

Somos el único país en Suramérica que cuenta con salida a los océanos Atlántico y Pacífico. Esto implica una gran variedad de ecosistemas marinos y costeros que ofrecen paisajes diversos: desde las secas dunas de Punta Gallinas, en la Guajira, a las húmedas selvas de Nuquí, en Chocó. No tenemos estaciones, pero sí múltiples climas y pisos térmicos. Los cálidos de las costas y las riveras de los ríos; los templados de las zonas bajas de las cordilleras; los fríos de las montañas; los páramos de las partes altas de nuestro sistema montañoso y los glaciales de los nevados. Cada uno tiene una fauna y una flora específica, pero se manifiestan de manera particular dependiendo de la región.

Lo anterior significa que el país cuenta con una abundancia de especies animales y vegetales que, en casos específicos, es exclusiva en el mundo.

Según cifras de biodiversidad.co, Colombia tiene 58.312 especies registradas (a 31 de diciembre de 2019), lo cual nos sitúa como el segundo país con mayor biodiversidad en el mundo, después de Brasil y por encima de Indonesia y China.

Pero además somos:

El No 1 en aves y orquídeas (tenemos 1.999 especies de aves y 3.179 de orquídeas).

El No 2 en plantas, anfibios y peces dulceacuícolas.

El No 3 en palmas y reptiles.

El No 6 en mamíferos.

Por ejemplo, Colombia es la mayor poseedora de especies de colibríes. Se tiene registro de 165, 3 más de las que hay en Ecuador y 47 más de las que cuenta Perú (mira acá el artículo: https://www.lujocolombiano.com/2021/04/20/las-pequenas-aves-que-inspiraron-a-mario-hernandez/).

Diversidad étnica

Más allá de la biodiversidad, Colombia es reconocida por su abundancia étnica.

En nuestro país existen tres grupos: 1. Indígenas. 2. Negros, afrocolombianos, palenqueros y raizales. 3. Rom o población gitana.

De acuerdo con cifras del Censo de 2018, en el territorio nacional existen 115 pueblos indígenas con una población de 1.905.617 personas, que representan el 4,4 % del total. En cuanto a la población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera, esta equivale al 9.34 % de la población total del país y está constituida por 4.671.160 personas, en tanto que la Rom tiene reconocidas a unas 2.649.

A los anteriores se suma el grueso de la población que está compuesta por mestizos, castizos, blancos, árabes, judíos y asiáticos, aunque no se los diferencia como tal en la medición realizada por el DANE.

[su_box style=”noise” box_color=”#ffffff” radius=”0″]Pero además, según el Ministerio de Cultura hay unas 68 lenguas nativas que son habladas por cerca de 850.000 personas. Entre ellas, se encuentran 65 lenguas indígenas o indoamericanas. También dos lenguas criollas habladas por afrodescendientes: el creole, de base léxica inglesa, hablado en San Andrés, Providencia y Santa Catalina, y el Ri Palenge, de base léxica española, hablada en San Basilio de Palenque, Cartagena y Barranquilla. También se cuenta la lengua romaní hablada por el pueblo Rom.

Esto sin contar con que hay diferentes dialectos (unos 10 aproximadamente) que le dan una vasta riqueza al lenguaje que nos es propio.

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Diversidad musical

Esta multiplicidad deriva también en una amplia variedad de géneros musicales que resultaron de nuestro particular mestizaje, muchos de ellos son propios del país; es decir, solo se encuentran acá y varían según la región.

En el Caribe colombiano el más famoso es el vallenato, pero también está la puya, el son, el paseo, el merengue, la cumbia, el porro, el mapalé, el fandango, la guacherna, el chandé y el bullerengue, por solo citar algunos.

En el Pacífico, los géneros son diferentes en la zona sur que en la zona norte, donde se destacan los cantos de boga, el gualí, el chigualo, el tamborito, la mazurca, la contradanza, el abozao, el pasillo, el bambazú y el porro chocoano. Mientras en la primera resaltan el currulao, el patacoré, el berejú, el velorio de santo y el novenario, entre otros. Conocemos el torbellino, el bambuco, la guabina y el sanjuanero de la región Andina, pero quizás no la rajaleña, la caña y el huayno de los departamentos de Huila y Tolima, o el calypso, el mento y la mazurca de la zona insular.

Diversidad gastronómica

La misma diversidad que se percibe en el mundo musical está presente en la gastronomía colombiana que cambia de acuerdo con las regiones e incluso entre departamentos. No hay más que ver cuántas versiones de tamales hay: la tolimense, la santandereana, la santafereña, la antioqueña, la costeña…

Ni qué decir de las empanadas y las arepas, incluso del sancocho. El mestizaje nos ha dado mucho y gracias a él Colombia no se parece a ninguna otra nación.

Diversidad de expresiones

La particular mezcla de culturas que tuvo lugar en Colombia también dio origen a una profusión de expresiones artísticas, culturales y religiosas que incluyen desde festivales y carnavales hasta ferias, fiestas y reinados.

Las más importantes son el Carnaval de Barranquilla y el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto, Nariño, dos eventos considerados por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

No obstante, cada región tiene una celebración propia, cuenta una historia de mestizaje particular y ofrece una variedad específica de manifestaciones de diversidad (mira acá el artículo: https://www.lujocolombiano.com/2021/04/07/carnavales-mestizaje-color-y-alegria/).

Esta enorme riqueza se complementa con la multiplicidad de bailes, costumbres, tradiciones, juegos, rondas, leyendas, técnicas artesanales y conocimientos ancestrales que cohabitan en nuestro territorio y que hacen que visitarlo, sin importar el lugar, sea siempre una fuente inagotable de sorpresas.

La diversidad es lo que nos hace diferentes, lo que nos ha convertido en uno de los destinos más deseados del mundo: de hecho, el país ganó 9 premios en los World Travel Awards del 2020 que lo destacan como potencia turística en la región: mejor destino culinario, mejor destino Lgbt, mejor destino de playa líder (San Andrés), mejor destino de viajes de negocios (Bogotá), mejor destino de escapada urbana (Medellín), mejor destino de ciudad cultural (Barranquilla), mejor destino turístico emergente en América del Sur (Cali) y mejor destino para las lunas de miel (Cartagena).

Todo lo anterior es nuestro verdadero lujo. La opulencia de la cual sentirnos orgullosos. La abundancia que nos hace verdaderamente ricos. Nuestro lujo colombiano.

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MARIO HERNÁNDEZ actualiza sus colecciones para hombre

La firma le dio la bienvenida a tres nuevas líneas, pero además renovó algunas de las que permanecen vigentes para adaptarse al hoy.

MARIO HERNÁNDEZ tiene claro que hay un nuevo público masculino ávido de novedad. Un consumidor hiperconectado que sabe lo que quiere y lo que necesita, que busca diferenciarse y no parecerse al resto.

La colección MASCULINO 2021 de la marca es una respuesta a este cliente. Un hombre de espíritu elegante y juvenil al que se le encuentra con frecuencia en espacios urbanos, laborales y de ocio, y que necesita accesorios versátiles que se adapten a esas distintas ocasiones de uso. Un hombre activo, que se desplaza por la ciudad y que quiere resaltar, ya sea en la oficina, en un viaje o en la calle.

Por eso en la propuesta los morrales son una pieza clave y están presentes en diferentes formatos y siluetas, y con diversas funcionalidades, para asegurar su uso en una gran variedad de escenarios. La firma le apostó también a la creación de una serie de códigos de marca que harán cada vez más reconocibles los productos para el segmento masculino: un nuevo patrón y un exclusivo bordado.    

Con estos parámetros, MARIO HERNÁNDEZ le dio vida a tres colecciones: CASTELLANO, MONUMENTO y PALENQUE.

CASTELLANO es una línea de morrales, portafolios, manos libres y accesorios de cuero que combina cuero liso y texturizado de alta calidad, acabados impecables y diseño práctico y minimalista para todos los días. Son productos compactos y ligeros que pueden transportarse con facilidad, sin importar el medio.

MONUMENTO ofrece tres modelos prácticos y multiusos —dos versiones de morral y un manos libres—, pensados en quienes tienen una vida dinámica que va más allá del clásico trayecto casa-trabajo-casa. Es decir, para las personas que necesitan llevar consigo múltiples elementos y convertir cualquier lugar en su estación de trabajo, o para quienes van de un lado a otro porque ese es su estilo de vida. Se caracteriza por llevar un patrón de ondas entrelazadas bordado en la parte frontal de las piezas que tiene textura; es decir, es abullonado.

PALENQUE ofrece una serie de morrales, manos libres, billeteras y otros artículos de línea pequeña que están diseñados para el uso diario. Sus siluetas son delgadas, cómodas, funcionales y se adaptan a diferentes ocasiones. Esta propuesta en particular abre un nuevo capítulo en las colecciones para hombre con la creación de un exclusivo patrón estampado en el que el logo de la firma está abrigado por el mismo motivo que se encuentra bordado en MONUMENTO.

Pero las novedades no paran ahí. MARIO HERNÁNDEZ también renovó algunas de sus líneas carry over, es decir las permanentes o vigentes, como APOLO, CHICAGO y FUNDACIÓN.

APOLO, una colección que se caracterizaba por tener acentos de color contrastante, ahora cuenta con sutiles líneas tono a tono en la cara frontal de cada pieza que le da una apariencia más balanceada. Elaborada en PVC y cuero liso, es liviana y muy práctica, ideal para el día a día, y sus diseños son funcionales y versátiles. Además de los modelos anteriores, a la línea se suman dos fundas para PC y un nuevo color: el Teka o café.

CHICAGO es una colección muy especial. Su cuero tiene un trabajo manual conocido como sfumato, técnica marroquinera usada por las firmas de lujo más importantes del mundo que da la sensación de desgaste, el cual se evidencia en los bordes de cada producto.

Este año aunque no se realizó un cambio en el diseño, la línea ofrece nuevos colores (índigo y caramelo) y modelos: un manos libres con tapa compacto y práctico. Un morral delgado y ligero de amplia apertura, con un espacioso bolsillo frontal, un bolsillo posterior para el celular y una banda que permite ajustarlo a la maleta de viaje. Un neceser y un porta AirPods, así como billeteras en formato vertical para el bolsillo de la camisa.

Y finalmente está FUNDACIÓN, una colección ideada por el fundador de la marca. Elaborada en 100 % cuero colombiano de curtición vegetal, cuenta con modelos atemporales que resaltan la nobleza y las huellas naturales de este material.

El equipo de diseño de la marca creó nuevos modelos para la línea y los enriqueció con detalles exclusivos: una doble costura contrastante, similar a las de las sillas de montar, y el emblemático unicornio grabado en bajorrelieve.

Entre las piezas se destaca un morral con tapa que cuenta con bolsillo frontal y una manija para llevarlo también en la mano; un maletín ejecutivo con reata contramarcada y un manos libres con tapa y sin cremallera para facilitar al acceso al interior. Además, dos objetos de edición especial: un juego de cacho y otro de dominó.

Para MARIO HERNÁNDEZ lujo es abrir sin miedo la puerta de la innovación y proponer nuevas maneras de interactuar con los objetos que elegimos en el día a día. 

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MONUMENTO, cosmopolita y atemporal

La nueva colección de MARIO HERNÁNDEZ hace una arriesgada apuesta para el mercado masculino: piezas con detalles bordados y acabados mate, diseño funcional, y una apariencia elegante y contemporánea.

Salir de casa y poder llevar la vida a cuestas. Enfrentar medios de transporte alternativos con la seguridad de que todo lo que necesitas está en un mismo lugar. Contar con piezas prácticas y ligeras que te permitan cargar tus elementos de trabajo de manera cómoda. Todas estas soluciones están presentes en una sola colección: MONUMENTO.

Con tres modelos prácticos y multiusos —dos versiones de morral y un manos libres—, la línea está pensada en quienes tienen una vida activa que va más allá del clásico trayecto casa-trabajo-casa. Es decir, para las personas que necesitan llevar consigo múltiples elementos y tener la posibilidad de convertir cualquier lugar en su estación de trabajo o para quienes van de un lado a otro porque ese es su estilo de vida.

El morral grande es liviano y superpráctico. Tiene un compartimento independiente amplio y de fácil apertura para el computador, lo que te permite un rápido acceso a este, y otro que puedes usar para guardar el cargador o la batería. Cuenta, además, con un espacioso bolsillo frontal con cremallera y un bolsillo interno, también con cremallera, para que lleves cosas importantes con seguridad (documentos, tarjetas…).

El morral mediano es compacto, delgado y superfuncional. No obstante su tamaño, su diseño ofrece múltiples compartimentos internos y un bolsillo exterior amplio con doble cremallera para que almacenes aquello que necesitas tener al alcance.

El manos libres con tapa es de apertura simple y su bolsillo frontal te permite dejar algunas cosas a tu alcance. El posterior es ideal para que resguardes con seguridad el celular o el pasaporte.

Diseño contemporáneo

Más allá de la funcionalidad, MONUMENTO tiene una particularidad en su diseño que la hace una colección única. Se trata de un patrón de ondas entrelazadas bordado en la parte frontal de las piezas que tiene textura; es decir, es abullonado.

La forma de este pespunte tono a tono es la misma que envuelve al nuevo patrón MH de la colección PALENQUE.

Otra característica de la línea es su cuero extra suave, que es muy agradable al tacto. De apariencia lisa y mate, le da estructura y esbeltez a las piezas sin que se sientan pesadas ni aparatosas. De hecho, los modelos son livianos y confortables.

Las reatas están contramarcadas con el nombre de la marca y el logo metálico, que se funde con el color del cuero, le da a los productos una apariencia sofisticada y minimalista a prueba del paso del tiempo.

Este juego de texturas monocromáticas (la del cuero, la del abullonado y la del herraje) solo es contrastado por el forro interno azul, color emblemático de la firma.

En MONUMENTO el lujo no se refleja en la ostentación, pero sí en la unión de materiales nobles, técnicas de diseño y de manufactura avanzadas, y acabados impecables que le dan vida a piezas de una elegancia simple y práctica.

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Missache: tradición y artesanía

La colección de bolsos con la que MARIO HERNÁNDEZ celebró su aniversario número 40 en el 2018 se reinventa este año para darle cabida a nuevas historias y técnicas. Conoce las tres nuevas versiones de una de las líneas top de la marca y cómo fueron concebidas.

MISSACHE es un homenaje en cuero a la experiencia, calidad, tradición e innovación que han caracterizado a MARIO HERNÁNDEZ durante más de 40 años. Cuando esta colección de bolsos para mujer y hombre fue creada en 2018 por el diseñador colombiano Carlos Mario Osman —quien fuera consultor de prestigiosas firmas internacionales como Bally, Gianfranco Ferré, Giorgio Armani y Roberto Cavalli—, estaba pensada para exaltar la mano de obra, un patrimonio inigualable de la marca.

Sus primeras versiones recurrieron a siluetas urbanas y contemporáneas que remitían a una geografía universal y a deseos más que a tendencias, de ahí su atemporalidad. Eran en total ocho personalidades manifestadas en seis carteras: La intelectual, La apasionada, La galerista, La banquera, La artista, La deportiva, La roquera y La excéntrica.

Hoy, dos años y medio después de su creación, y luego de la gran transformación que sufrió la marca en 2020, los nuevos modelos de esta línea icónica se han enfocado en resaltar el trabajo hecho a mano en Colombia y la gran riqueza cultural presente en nuestro territorio. Hablan de lujo colombiano.

Missache “La Colonial”

Esta cartera, que viene en dos tamaños (pequeña y mediana), está elaborada en cuero y charol, y se caracteriza por los taches, las costuras en contraste y el tejido que bordea el cuerpo y el bolsillo exterior de los modelos. Está inspirada en nuestro pasado colonial y remite a los tiempos en que nuestros ancestros recorrían el país a lomo de mula, llevando consigo todas sus pertenencias.   

Missache “La Floricultora”

Esta cartera colorida y divertida, que viene en dos tamaños (pequeña y mediana), está elaborada en denim y cuero, y sus flores, pegadas con remaches, se pueden quitar o poner. Con este modelo, la marca exalta la belleza de nuestra flora y expresa su respeto por quienes se dedican a protegerla.

Missache “La artesana”

Esta cartera, que viene en dos tamaños (pequeña y mediana), está elaboradaen tala, fibra de plátano y palma de iraca. Con manija tejida y herrajes color fucsia contrastante, es un homenaje a los artesanos de Colombia y a la abundancia de materias primas que ofrece nuestra amplia variedad de especies vegetales.

Para su elaboración, la marca contó con la asesoría de Artesanías de Colombia, la entidad que promueve el progreso del sector artesanal en el país, con el fin de encontrar los artesanos idóneos para la elaboración de los tejidos con fibras naturales (palma de iraca y fibra de plátano) que llevan los bolsos.

El tejido en palma de iraca, evidente en el bolsillo exterior de la cartera, es realizado por la Asociación de Tejedoras Juanita en Sandoná, Nariño, un taller conformado por más de 250 artesanas de la zona dedicadas a la creación de piezas artesanales en fibra vegetal de iraca. Su fundadora Juanita Castillo es una artesana empírica que empezó tejiendo sombreros para mantener a sus tres hijos y poco a poco fue reuniendo a mujeres en su misma situación para cumplir con los pedidos que le eran encomendados. Hoy día, realizan todo tipo de artesanías: carteras, aretes, objetos decorativos y canastos.  

La asociación compra la fibra de iraca en color natural en el mercado campesino de los sábados; esta es cultivada y producida en el municipio vecino de Linares y llevada hasta Sandoná. Las artesanas se encargan de tinturarla (si es necesario), luego realizan los moldes en madera que les servirán de guía y finalmente tejen.

La fibra de plátano que protagoniza el cuerpo frontal de la cartera es elaborada por Libertejidos en San Agustín, Huila, una microempresa de tejidos en fibras textiles vegetales, especializada en fibra de plátano, con más de 40 años de experiencia. La fibra es sacada de la corteza del tallo de plátano que es desfibrado manualmente con una herramienta casera conformada por un palo de café y un machete. Del proceso salen los filamentos que son lavados y luego colgados para que se sequen naturalmente bajo el sol.

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MARIO HERNÁNDEZ reinventa el patrón MH

La firma marroquinera creó una colección basada en una nueva versión de su icónico estampado para un público ávido de innovación. ¿Cómo nació? ¿Qué piezas viste? Te presentamos el universo de PALENQUE. 

En 2016, MARIO HERNÁNDEZ le dio vida a su patrón MH y con él a diferentes colecciones que hoy día siguen vigentes: PRIMARIO BÁSICO, PRIMARIO COLORES y PRIMARIO BORBOLETRAS.

Cada una tiene un espíritu diferente, pero comparten aquello que les dio forma: un material sintético estampado, creado en exclusiva para la marca, hecho de PVC (en la parte externa) y lona de algodón (en la parte interna), que les da a las carteras menor peso y mayor resistencia y durabilidad.

Este patrón se convirtió rápidamente en uno de los códigos más reconocibles de la marca y ha sido así desde entonces.

Cuatro años más tarde, MARIO HERNÁNDEZ evolucionó la tipografía de su logo y su emblemático Unicornio, y se propuso conquistar una nueva meta: la de convertirse en la expresión del lujo colombiano. Con ello vinieron cambios en todas las colecciones, incluida PRIMARIO.

Hoy, la marca da un paso más allá con PALENQUE, una línea de piezas livianas y de construcción limpia que abre un nuevo capítulo en su historia gracias a este nuevo patrón, que es creación del estudio de tipografía Bastarda, en el que las iniciales de la firma son abrigadas por un motivo de ondas entrelazadas.

Elaborada con la misma lona sintética texturizada de PRIMARIO, aunque con diferente estampado, tiene además detalles en cuero vacuno y herrajes en zamac con acabados en negro níquel. Sus piezas unisex están pensadas para un espíritu urbano moderno que precisa modelos cómodos, prácticos y ligeros que se ajusten a su ritmo de vida.

La colección

PALENQUE presenta una serie de morrales, manos libres, billeteras y otros artículos de línea pequeña que están diseñados para el uso diario. Sus siluetas son delgadas, cómodas, funcionales y se adaptan a diferentes ocasiones.

Entre las piezas se encuentran dos tipos de morrales: con tapa o terciado. Dos alternativas para quienes se transportan diariamente en bicicleta, moto o patineta eléctrica, o que utilizan eventualmente el transporte público, porque se pueden llevar hacia adelante o hacia atrás, y además de múltiples compartimentos internos, cuentan con un bolsillo especialmente diseñado para el celular y una banda que permite ajustarlos a las maletas con asa extraíble.

Al más pequeño le cabe una tablet, al mediano un computador de 13 pulgadas y al grande, uno de 15.

Como novedad, la línea trae también un manos libres horizontal con bolsillo posterior, un neceser plano para viajes súper ligero y súper funcional, que se puede colgar en el baño, y, finalmente, un estuche para los AirPods, además de un tarjetero con cremallera y dos versiones de billetera.

En PALENQUE el lujo se manifiesta en la excelencia de los materiales, en la exclusividad del estampado y en la apuesta por formas innovadoras pensadas en el bienestar de quien las lleva.

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Aguadeños: las manos artesanas detrás del tradicional sombrero colombiano

Esta pieza de artesanía fina pasa por un largo proceso en el que intervienen al menos seis personas. ¿Quiénes son y qué hacen? Te contamos.

El sombrero aguadeño es una pieza representativa de la riqueza artesanal que tiene Colombia. Su laboriosa construcción se realiza ciento por ciento a mano y está en cabeza de un grupo de expertas artesanas que han dedicado su vida casi exclusivamente a la tejeduría.

El proceso solo se lleva a cabo en una población del norte Caldas, Aguadas, —de ahí su nombre— y la elaboración de una pieza puede tardar varios días e incluso semanas.

La historia de un sombrero aguadeño arranca con los pajeros. Ellos son los encargados de recolectar los cogollos de la palma de iraca para luego tratarlos mediante el proceso de ripiado, el cual permite sacar las fibras más finas y flexibles. Luego se cocinan en agua, se secan a la sombra y al sol y, finalmente, se estufan en un horno hermético con vapor de azufre para que logren su característico color natural.

Todos los jueves, viernes y sábados en las mañanas los pajeros van a Aguadas desde las veredas cercanas a vender la fibra procesada. Esta es adquirida entonces por las tejedoras, quienes le dan vida al sombrero en rama (sin terminar).

En el proceso de tejeduría, las artesanas pueden tardar entre 3 y 4 días, si el tejido es extra fino (fibra corriente), y entre 5 y 6 días, si es especial (tejido compacto elaborado con las mejores fibras). A veces mucho más.

Cada 15 días, un sombrerero de la región viaja a esa población y les compra la producción. Usualmente recoge entre 200 y 250 sombreros en rama, sin acabados y sin recortar.

¿Qué hace luego? Los beneficia. Esto significa que les quita los sobrantes, les da forma y los termina.

La primera parte del proceso es el pulido o el recorte de las fibras sobrantes y el corte del ala que se hace manualmente con una regla circular y un bisturí; luego, un artesano especializado los engoma y los pone a secar. Posteriormente, los prensa una primera vez para darles forma y los vuelve a engomar y a prensar para que esta se fije.

Después una costurera les pone los ribetes y en seguida el tafilete y la cinta. Finalmente, los marcan con un sello al calor.

Aguadeños MARIO HERNÁNDEZ

MARIO HERNÁNDEZ decidió exaltar esta pieza de artesanía fina llevándola al nivel de lujo por la belleza de su tejido; además, porque es un elemento representativo de nuestra riqueza cultural y de la abundancia artesanal que nos caracteriza, de nuestro lujo colombiano. Por eso los aguadeños están presentes en la marca.

La firma los adquiere directamente de la fuente no solo para asegurar su calidad, también para contribuir a la permanencia de una técnica que ha pasado de generación en generación.

Cuando los sombreros, sin cinta, sin tafilete y sin marcación, llegan a la fábrica de MARIO HERNÁNDEZ en Bogotá, los expertos de la marca los terminan. Es decir, se encargan de una de las partes más difíciles del proceso final: los acabados internos.

Luego, les ponen la cinta de cuero y los marcan al calor con el emblemático unicornio.

La colección de aguadeños de MARIO HERNÁNDEZ ofrece las dos versiones de tejido (extra fino y especial) para hombre y mujer, y las cintas están hechas en diferentes tipos de cueros y en variedad de colores.

Conoce la línea completa en www.mariohernandez.com.co

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Baúl Morpho Azul, maestría hecha legado

Esta pieza, creada por MARIO HERNÁNDEZ en exclusiva para Johnnie Walker Blue Label, reúne saber hacer, trabajo manual y la historia de dos marcas.

Una pieza de artesanía de lujo es el fruto de años de dedicación a una misma labor, de la cuidadosa elección de los más nobles materiales y de un trabajo hecho a mano con destreza. Pero también es un tributo al pasado… la exaltación de un legado que cuenta una historia única, diferente a cualquier otra.

El baúl Morpho Azul de MARIO HERNÁNDEZ es una pieza que integra el acervo artesanal de la firma marroquinera con el que caracteriza internacionalmente a Johnnie Walker Blue Label.

Su diseño está basado en una de las primeras piezas realizadas por la marca luego de su creación en 1978, el ataché o maletín Piloto, un portafolio de cuero destinado a los pilotos y abogados de la época.

Su estructura rígida y su practicidad fueron la semilla de esta nueva propuesta que reúne todo el saber hacer de una marca marroquinera que ha labrado su maestría por más de 42 años y el espíritu de un whisky escocés creado por una casa que tiene más de 200 años de experiencia en destilación.

Exaltación del saber hacer

Su construcción reúne diferentes técnicas del universo del arte marroquinero que son integradas con gran pericia en un solo objeto: * Por un lado, el corte exacto de todas las piezas que conforman el armazón, las cuales son cuidadosamente ensambladas para que coincidan a la perfección unas con otras. * La doble costura en los ribetes que unen cada parte con precisión y que determinan lo impecable de los acabados.

* El tejido de la cubierta frontal, realizado totalmente a mano por uno de nuestros maestros marroquineros, que es creado a partir de delgadas tiras de cuero de curtición vegetal en dos tonos, las cuales son cortadas y entretejidas con gran minuciosidad mediante una técnica basada en la cestería tradicional.  

Cada color representa a una de las marcas (el caoba para MARIO HERNÁNDEZ y el azul para Johnnie Walker Blue Label) y su unión simboliza la similitud existente entre los caminos recorridos por sus fundadores en diferentes épocas: Mario Hernández Zambrano y John Walker, respectivamente.

* El esfumado o sfumato, una técnica italiana que se hace manualmente con aerógrafo y que es única en cada pieza, le da ese carácter exclusivo que comparten ambas firmas. Además, potencia su vínculo pues este efecto degradado es el resultado del encuentro entre los dos tonos, aunque cada uno es perfectamente reconocible.

Los detalles que marcan la diferencia

A lo anterior se suman los herrajes en zamac con acabado color bronce, creados en exclusiva para MARIO HERNÁNDEZ y contramarcados con el logo de la marca, así como la marcación con clisé de cinta dorada en el interior, que le da al baúl una apariencia cuidada y lujosa, como la de la botella de Blue Label.

También el forro que cubre el interior de la caja, elaborado en textil grueso para resguardar eficientemente la botella y con cuñas milimétricamente dispuestas para evitar que esta se mueva dentro de la pieza.

Está estampado con un sutil patrón de mariposas —ícono de MARIO HERNÁNDEZ— a manera de caleidoscopio en los colores que caracterizan tanto a la firma marroquinera como a la de whisky escocés: dorado y dos diferentes tonos de azul.

Y para finalizar, la manija para transportarlo fácilmente y los porta vasos de doble cara, en los que las dos marcas son igualmente protagonistas.

El baúl Morpho Azul encarna la unión de dos grandes que se han convertido en la expresión de la maestría como legado y que fusionan sus fuerzas en una artesanía de lujo para resaltar los caminos recorridos por dos grandes caminantes.          

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Una nueva conexión con la naturaleza

La pandemia nos dio a los seres humanos una lección de vida: “Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. Sí, perdimos muchas cosas, pero también ganamos otras. El contacto con la tierra, fue una de ellas.

La pandemia nos tomó por sorpresa. Llegó con la fuerza de un huracán a desestabilizar nuestras estructuras, pero en especial a forzar un alto en el camino, más que necesario ante el inagotable ritmo de vida y de consumo del ser humano.

Con la llegada de las cuarentenas probablemente hayas experimentado algo que quizás no habías vivido hasta ese entonces: el encierro obligado, la imposibilidad de relacionarte con otras personas, las restricciones a la movilidad y la absoluta necesidad de permanecer en casa.

En pocas palabras, perdiste libertad, en especial la de poder ir a cualquier lugar, a cualquier hora y en cualquier momento, y la de tener contacto cercano con las personas que quieres. Esto hizo que tu hogar se convirtiera en el centro de todo: el jardín infantil o el colegio, el lugar de trabajo, el espacio de entretenimiento, el gimnasio… todo. Y aunque es posible que tu espacio no estuviera preparado para albergar todas las áreas de tu vida, tuviste que adaptarte y hacer cambios, como los ha hecho la madre Tierra desde su nacimiento. 

Una de las grandes transformaciones que movilizó el confinamiento fue el anhelo por la naturaleza. Y si bien es apenas lógico debido al aislamiento preventivo que nos sacó de las calles y los espacios al aire libre, sobre todo parques y playas, haber tenido que bajar la velocidad llevó a muchos a pensar para adentro, a volverse más reflexivos y contemplativos, a valorar lo esencial, aquello que damos muchas veces por sentado.

Y si hay algo básico y esencial para el ser humano es el contacto con la naturaleza, aunque es probable que solo hayas caído en cuenta de la falta que te hacía cuando ya no estuvo permitido, al menos por un tiempo, ir a aquellos lugares en donde te encontrabas con ella. Y eso en una ciudad llena de cemento y tráfico, hace la diferencia.

¿Cómo lograr esa conexión sin acudir a esos lugares? Como en el refrán: “Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña”. ¿Esto qué significa? Sí, eso: la naturaleza empezó a colarse en los hogares.

No es que esto haya ocurrido solo por la pandemia, pues desde hace ya algún tiempo hemos oído hablar de las huertas y jardines urbanos; no es algo nuevo, pero lo que sí detonó el confinamiento fue la necesidad de llevar de alguna manera la naturaleza a los espacios personales, especialmente en quienes quizás nunca habían contemplado esa posibilidad. Y esto va más allá de comprar unas plantas para decorar o para que la casa se vea más “verde”.

Muchas personas entendieron el significado de querer una conexión real con las nuevas habitantes de su hogar, incluso desde la semilla misma; de presenciar el proceso de la vida y de sentirse parte de él, de dedicarse a su cuidado y de velar por su fuerte y saludable crecimiento… de considerarlas un miembro más de la familia.

Puede que aún no experimentes ese nivel de conexión e incluso probablemente no tienes muchas matas en tu hogar. Aún así, estamos seguros de que sentiste algo de alivio al poder volver a salir más allá de tu puerta, caminar por el barrio, percibir el aire fresco en tu cara y escuchar los pájaros. Quizás ahora aprecias más poder sentarte en la banca de un parque y observar cómo los grandes árboles se mecen con el viento e inconscientemente buscas sitios más verdes para llenarte de vida, que en Colombia hay muchos gracias a nuestra rica biodiversidad.

Y si aún no te has atrevido, pero sientes el impulso de crear un jardín o una huerta en tu balcón o terraza, en tu sala, en tu cocina, puedes empezar con la asesoría de quienes son expertos en el tema:

En Bogotá, el Jardín Botánico impulsa desde 2004 un proyecto de huertas urbanas, que consiste en hacer prácticas agrícolas para producir alimentos orgánicos y limpios en espacios urbanos de la ciudad. Hasta mediados del año pasado, existían en la capital 432, y si quieres sumar a este número una propia, solo escribe a agriculturaurbana@jbb.gov.co.

El Jardín Botánico de Medellín tiene un proyecto dirigido a las personas amantes del cultivo y el cuidado de plantas ornamentales y jardines, para que puedas hacer consultas acerca de los problemas comunes que las afectan. Para saber más entra a https://www.botanicomedellin.org/botanico-un-jardinero-en-casa/botanico/

Veggies App te ayuda a crear tu propia huerta urbana con cultivos hidropónicos, enseñando una nueva alternativa de producción limpia a cientos de personas en diferentes ciudades del país. Si quieres ser una de ellas, visita http://veggiesapp.com/agricultura-urbana-bogota.html

También te puede asesorar la empresa de paisajismo y jardinería profesional SmartChoice Group que te acompaña desde el diseño del proyecto hasta su instalación y mantenimiento, poniendo a tu disposición múltiples opciones y herramientas. http://www.smartchoiceco.com/es/divisions/huertos-urbanos_59.html

O arranca tú mismo, comprando uno de los kits de Huerta Urbana de Sembramos, tu vivero online, en https://sembramos.com.co/kit-de-huerto-urbano.html. También realizan cursos visuales y presenciales para que perseveres en el intento.

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MARIO HERNÁNDEZ, la expresión del lujo colombiano

La firma marroquinera pasó en plena pandemia por una gran metamorfosis: cambió el logotipo, los colores y el icónico Unicornio, pero, además, realizó una gran apuesta de cara a los nuevos tiempos: manifestar, a través de sus productos, aquello que nos hace únicos como país. Esta nueva aventura le ha valido a la marca varios reconocimientos. Te contamos cuáles son.

En Colombia la palabra lujo nos es muchas veces ajena, lejana y exclusiva de otras latitudes. Nos remite a exóticos reinos en países gobernados por reyes, reinas, emperadores, sultanes o emires; nos hace fantasear con castillos y palacios, y con grandes tesoros escondidos en bóvedas inaccesibles.

También nos trae imágenes, más contemporáneas y de tinte cinematográfico, protagonizadas por limosinas, mansiones, diamantes y vestidos de alta costura. Nos hace soñar con autos, ropa, vinos, relojes y tecnología proveniente de otros continentes para conseguir el estatus que anhelamos o queremos proyectar. Nuestro concepto de lujo se asocia mayormente a lo foráneo, lejos de nuestra propia cultura y de quienes somos. 

Hablar de un lujo colombiano puede sonar contradictorio si nos regimos por esa filosofía del “tener” o acumular bienes materiales, en especial cuando somos considerados un país en vías de desarrollo. No obstante, lujo no es solo “abundancia en el adorno o en comodidades y objetos suntuosos”, también es una “persona o cosa valiosa, excepcional o extraordinaria” o algo de “elevada categoría, excelencia o exquisitez” y de eso en Colombia tenemos de sobra.

¿Qué es el lujo colombiano?

Si bien los conquistadores llegaron a saquear buena parte de los metales y gemas preciosas de nuestras tierras, así como las creencias de nuestros pobladores, quienes vivían en nuestro suelo, nuestros antepasados, tenían un acervo difícil de extinguir: un invaluable compendio de saberes y un entorno natural único en el mundo.

Heredamos de nuestros antepasados técnicas artesanales que se han mantenido vigentes generación tras generación y que le otorgan riqueza visual a objetos decorativos y prendas de vestir; contamos con algunos de los paisajes naturales más hermosos del mundo; tenemos una diversidad de fauna y flora que es la envidia de los países desarrollados; gozamos de una gran variedad de pisos térmicos, así como de un nutrido espectro musical y gastronómico; nuestra gente es cálida y amable, y nuestro espíritu, alegre y festivo.

Nuestro lujo viene de la tierra que pisamos y de la riqueza que esta nos ofrece, de nuestro pasado, de nuestro particular mestizaje, de la historia que nos hizo el pueblo que somos hoy. Este es el verdadero lujo colombiano.

Una gran apuesta

MARIO HERNÁNDEZ ha apostado desde el 2020 a ser la expresión de ese lujo y para lograrlo decidió transformar su imagen y reflejar esta nueva consigna en sus productos. Quiere vivir en el aquí y el ahora –base de la filosofía de vida de su fundador–, pero sin dejar de lado los relatos mágicos que nos caracterizan como país.

Para llevar la firma por ese camino, se realizó un cambio de logo. “Nos basamos en el tipo de letra vigente en 1995 y de la mano del estudio de tipografía Bastarda, le dimos vida a una fuente completamente nueva, llamada Capitanejo, creada solo para la marca, pues la exclusividad es uno de los más importantes atributos del lujo”, cuenta Lorenzo Hernández, hijo del fundador de la compañía y actual director creativo.  

Así mismo se transformó el unicornio –figura mitológica que ha reconocido tradicionalmente a la firma–, por uno inspirado en el caballo de paso colombiano, patrimonio genético de nuestro país, y los colores originales del logo: ahora se puede ver en una combinación de dorado (que representa la lucha de la marca por ser la mejor en el saber hacer marroquinero) y al azul (basado en la mariposa morpho azul colombiana, una especie única). 

Adicionalmente, la ilustradora María Paula Moreno creó una hermosa imagen que muestra la lujosa riqueza de la fauna y la flora colombianas, la cual está presente en algunas colecciones y en la parte interna de las bolsas de empaque.  

Reconocimientos

Estos cambios, que empezaron a ser evidentes a mediados del año pasado, le han valido a la marca varios reconocimientos.

El primero de ellos fue el Premio a la Excelencia 2021 en la Typography Competition que realiza anualmente la revista estadounidense Communications Arts, un evento que celebra el mejor uso de la tipografía como elemento visual principal en el diseño y la publicidad, además de nuevos diseños tipográficos. El galardón fue otorgado por la creación de la tipografía Capitanejo. 

El segundo fue concedido por parte de Federación Colombiana de Asociaciones Equinas, Fedequinas, que nombró a Mario Hernández Zambrano, fundador de la marca, y a su hijo Lorenzo Hernández como “embajadores internacionales del caballo criollo colombiano de paso”, por la reinvención del unicornio de la marca basada en la estructura anatómica de este espécimen.

Y el tercero, una reseña en el prestigioso blog Brand New, una división de UnderConsideration, que registra y proporciona opiniones sobre el trabajo de identidad corporativa y de marca alrededor del mundo. En esta se dice sobre la nueva familia tipográfica y el rediseño de la firma: “es una diferencia bastante sorprendente (frente a lo que se tenía anteriormente) que transforma a Mario Hernández de aspirante a marca de lujo a una marca de lujo real, que incluso si era una antes del precio y el estatus, no se encontraba en el producto físico o en las comunicaciones. En general, es una evolución sólida y es genial ver a una marca sudamericana trazar su propio camino de diseño en lugar de simplemente intentar imitar pobremente los estereotipos americanos y europeos”.

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