Guatavita, una historia de leyenda y de riqueza natural

Esta población de Cundinamarca alberga uno de los relatos de realismo mágico más representativos de Colombia. MARIO HERNÁNDEZ se inspiró en la laguna del mismo nombre, en los rituales ancestrales que allí se realizaban y en su entorno natural para crear una colección de bolsos para mujer.

La Leyenda del Dorado es una de las más misteriosas y conocidas de Colombia. Basada en un ritual ancestral chibcha, volvió locos a los conquistadores españoles luego de que pisaran estas fértiles tierras por cuenta de los fastuosos tesoros que se decía eran arrojados a una laguna en lo alto de la montaña.

En un entorno natural único, muy cerca a Bogotá, se realizaba la ceremonia de investidura del Cacique de Guatavita. Alrededor del cuerpo de agua del mismo nombre, a plena luz del día, el futuro señor del cacicazgo se subía a una balsa hecha de juncos cubierto de trementina y polvo de oro que refulgía con el sol, y a sus pies relucían piezas de oro y esmeraldas que luego eran ofrendadas a sus dioses y entregadas a las aguas. El cacique se sumergía y en el proceso dejaba un estela dorada por cuenta del brillante metal. 

Muchos conquistadores realizaron audaces exploraciones y aventuradas odiseas para hacerse con el codiciado tesoro enterrado aguas adentro, pero pocos lograron algo en el camino.

Una colección con acento ancestral

Esta historia y el hermoso lugar en el que tuvo lugar, rodeado de bosques de páramo, frailejones, atrapamoscas y curubos silvestres, inspiró una de las más recientes propuestas de MARIO HERNÁNDEZ: la colección NATIVA.

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Esta línea de carteras, compuesta por dos tipos de modelos, uno grande y uno mediano, está protagonizada por una gran ilustración en la que en medio de círculos concéntricos, la marca rinde homenaje a las creencias de los ancestros indígenas de Guatavita, a la fauna y la flora que circundan la laguna, y a la famosa Leyenda de El Dorado.

En la imagen puede verse un gran sol central, el dios Xué, a quien veneraban los antiguos muiscas, rodeado por objetos dorados, muestra de la riqueza que ostentaban los habitantes de aquella región antes de la llegada de los españoles, y algunas plantas, flores, aves y reptiles presentes en la zona.  

Creada en tela impresa y cuero liso, la colección refleja la abundante riqueza de nuestra cultura ancestral y la impresionante biodiversidad que hay en nuestra tierra, lo que nos ha convertido en uno de los países más ricos en flora y fauna.

El lujo colombiano está en aquello que nos hace un país único, en lo que este nos ofrece naturalmente y en el legado que dejaron nuestros antepasados. Se encuentra en el cielo, en la tierra, en la gente, en los paisajes, en la cultura, en la música, en la gastronomía y en todo lo que nos hace una nación realmente privilegiada. Nuestro lujo somos nosotros.

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Las pequeñas aves que inspiraron a MARIO HERNÁNDEZ

Los colibríes o picaflores son protagonistas de la colección de bolsos para mujer NATIVA de la marca de marroquinería colombiana. ¿Por qué son tan importantes para nuestros ecosistemas? Te contamos.

Uno de los mayores lujos de Colombia es la gran abundancia de fauna y flora. De hecho, nuestro país es uno de los más biodiversos del mundo, lo cual es un motivo de orgullo, pero también una gran responsabilidad.

Esta tierra es la mayor poseedora de especies de colibríes. Se tiene registro de 165, 3 más de las que hay en Ecuador y 47 más de las que cuenta Perú. Esta pequeña ave, perteneciente a la familia Trochilidae, está presente únicamente en el continente americano, desde Alaska hasta Tierra de Fuego, y habita todos los ecosistemas, no solo las zonas subtropicales y templadas de los Andes, donde se encuentran en mayor número, también las que están a nivel del mar e incluso los páramos.

Su increíble capacidad de vuelo, su diminuto tamaño y su particular belleza encantan a primera vista. Muchos tienen plumajes iridiscentes, únicos entre las aves, que no solo son resultado de los pigmentos que hay en sus plumas, sino de la interacción de la luz con ciertas estructuras que se hallan en estas y que intensifican y hacen más vivos los colores.

Estas y otras características inspiraron al equipo de diseño de MARIO HERNÁNDEZ para crear una colección única. Se trata de NATIVA, una línea de carteras, compuesta por dos tipos de modelos, uno grande y uno mediano, protagonizada por una gran ilustración en la que en medio de círculos concéntricos, se evidencia el hábitat de esta maravillosa ave, las flores de las cuales se alimenta y el zarandeo incesante de sus alas representado por el símbolo de infinito (∞), que hace alusión al número de aleteos por segundo que da (entre 60 y 80) y que son imposibles de percibir por el ojo humano

Los colibríes, que se alimentan principalmente del néctar de las flores —el cual toman suspendiéndose en el aire—, tienen una gran importancia para nuestros ecosistemas, ya que son agentes polinizadores de gran cantidad de plantas, en especial de las que se encuentran en zonas altas y frías, donde no hay muchos insectos y mucho menos murciélagos.

Aunque suelen verse fácilmente en los jardines y parques de nuestras ciudades (en tanto en ellos se hallen las flores de las que se alimentan), existen lugares dispuestos para su avistamiento en diferentes lugares del país. Te damos una lista en caso de que quieras disfrutarlos en su entorno natural.

Recinto del Pensamiento, Manizales, Caldas.

Cuenta con un mirador de aves que tiene comederos para colibríes.

Jardín Botánico del Quindío, Calarcá.

Además de contar con un recinto especial para el avistamiento de aves, dispuso también una zona con comederos solo para colibríes.

Observatorio de colibríes, La Calera, Cundinamarca.

Es un sitio especializado en la observación de este tipo de aves.

Jardín Encantado, San Francisco de Sales, Cundinamarca.

Atrae más de 23 especies de colibríes de las 165 que han sido clasificadas en Colombia.

Finca Alejandría, Cali, Valle del Cauca.

Además de colibríes, se pueden observar tangaras, tucanetas y barranqueros, e incluso el águila crestada y el quetzal.

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Carnavales: mestizaje, color y alegría

Pocos eventos reúnen en un mismo lapso y espacio tanta variedad de expresiones artísticas, culturales, religiosas y étnicas. Un vistazo a la fiesta popular que da cuenta de la vasta riqueza material e inmaterial que ofrece nuestro privilegiado territorio

“El Carnaval asumió y resumió todo”. Esta frase del articulista y ensayista uruguayo Emir Rodríguez Monegal ilustra el poder que tienen los carnavales para los pueblos del mundo. En Colombia, lo anterior implica, por supuesto, hablar de mestizaje, pues gracias a la amalgama única de modos de vida y costumbres que existe en esta tierra por cuenta de nuestra particular mezcla étnica, las fiestas colectivas se han convertido en una muestra del enorme acervo cultural con que contamos.

Solo hay que echarle un vistazo a los dos carnavales colombianos considerados por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad: el Carnaval de Barranquilla y el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto, Nariño. La música, el baile, el vestuario y los ritos resumen el aporte realizado por cada grupo étnico nativo y foráneo que ha pisado estas tierras, cuya fusión es lo que escenificamos en la fiesta colectiva.

Cada región tiene una celebración propia, cuenta una historia de mestizaje particular y ofrece una variedad específica de expresiones artísticas, culturales y religiosas, lo que hace a Colombia una tierra rica en manifestaciones de diversidad.

El colorido del maquillaje y de los disfraces, que va de lo puramente folclórico a lo lúdico y lo teatral, es solo una pequeña prueba de la multiplicidad que nos caracteriza. No existe un único baile, un único ritmo, una única música, un ritual común, existen decenas de danzas, ritmos, melodías y rituales diferentes, incluso en una misma fiesta.  

El exceso de color, de música, de baile y de brillo, todo al mismo tiempo, es lo que demuestra el lujo de la diversidad que nos hace un país único.

Única es también la alegría que se expresa en este momento de celebración en el que todos son bienvenidos. No hay estratos ni clases ni distinciones. Cada quien encuentra su lugar y se siente representado de alguna forma. Por eso los ánimos se exaltan.

La crudeza de la realidad compartida se vuelve anecdótica, el presente se suspende y la rutina deja de ser lo “normal”. Todo entra en una especie de paréntesis en el que el pasado es fuente de inspiración y el futuro no existe.

Esta catarsis colectiva es un lujo que nos damos como país, no solo por todo lo que tenemos para ofrecer al mundo, sino porque es justo en este instante cuando abrazamos aquello que nos hace lo que somos, auténticamente, sin juicios ni comparaciones y porque como dijo por allá en el 2013 el entonces ministro de Cultura Juan Luis Mejía Arango, en el acto de instalación del Encuentro Internacional de Carnavales en Barranquilla: “El carnaval nos recuerda cuánta felicidad puede darnos el mundo, cuando sabemos perder ese control que siempre nos agarra a la tierra y que nos hace a veces perdernos de tanta dicha”.

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Ser colombiano es ser amable

La amabilidad es uno de los grandes lujos que tenemos como nación y que nos hace un país tan interesante para el turismo. ¿A qué se debe este característico rasgo?

Los que nacimos en Colombia tenemos claro que uno de nuestros rasgos más característicos es la amabilidad. Quizás para nosotros esto sea paisaje, pero para quienes vienen de visita desde otros países, o se establecen temporal o permanentemente en esta bella tierra, es algo digno de admirar.

De hecho, en 2013 la página web HubPages, uno de los portales más visitados en el mundo y que se destaca por aconsejar a sus usuarios sobre las tendencias en el planeta, publicó una lista sobre los países más amables y Colombia quedó en primer lugar.

Cuatro años más tarde, la red mundial InterNations realizó una encuesta anual en la que participaron catorce mil expatriados de 191 países y entre las preguntas estaban qué tan fácil es instalarse en la nación de destino y qué tan fácil es hacer amigos allí. Colombia quedó en el tercer lugar, después de Uganda y Costa Rica.

Más recientemente, en 2019, Booking, la plataforma que conecta a los viajeros con la oferta más amplia de alojamientos alrededor del mundo, llevó a cabo un estudio con 21 500 viajeros de 29 países para identificar los más hospitalarios. El ranking quedó así: Tailandia (85 %), Indonesia (83 %), México (77 %), Taiwán (77 %), India (75 %) y Colombia (74 %).

El origen del ser amables

Es claro, entonces, que la amabilidad forma parte de la personalidad de los colombianos, sin importar la ciudad o el departamento. Para nosotros es, además, un lujo inmaterial que tenemos como país y que se ha convertido en un importante atractivo turístico para los foráneos. Pero, ¿dónde nace este rasgo?

En el artículo El alma colombiana. Idiosincrasia e identidades culturales en Colombia, publicado en la revista Hallazgos, el autor P. Pedro José Díaz Camacho realizó una investigación con el propósito de averiguar sobre los rasgos anímicos y temperamentales que se expresan en el modo de ser y en la conducta de los colombianos, según las distintas regiones y grupos socioculturales; es decir, sobre cómo ha llegado a ser en el siglo XXI la índole y el alma del pueblo colombiano.  

En algunos apartes cita las palabras del profesor Luis López de Mesa (1884-1967), gran conocedor e intérprete del ser colombiano en sus múltiples y complejas vertientes y en su devenir histórico: “Si se me pidiese un resumen de las cualidades más salientes del colombiano, diría que es idealista con marcada inclinación al lirismo, universalista con amor al progreso, pacifista con tendencia al orden, hospitalario por simpatía y vocación democrática”.

Esto, asegura Diaz Camacho, se puede entender apelando a algunos factores hereditarios provenientes de nuestra peculiar mezcla racial. Y en el caso específico de la amabilidad, a la influencia de nuestros ancestros chibchas. “En una aproximación general a sus rasgos anímicos peculiares, podemos fijarnos en los siguientes aspectos referidos a la población de ascendencia chibcha: Lo más notorio de estas gentes es su exquisita sociabilidad, afabilidad y cortesanía, que siempre encuentran la frase oportuna y gentil para el que los visita, la hospitalidad para el extranjero, la caridad para el indigente, la generosidad para el amigo […] (López de Mesa, 1970a)”, cita el estudio.Esto, asegura Diaz Camacho, se puede entender apelando a algunos factores hereditarios provenientes de nuestra peculiar mezcla racial. Y en el caso específico de la amabilidad, a la influencia de nuestros ancestros chibchas. “En una aproximación general a sus rasgos anímicos peculiares, podemos fijarnos en los siguientes aspectos referidos a la población de ascendencia chibcha: Lo más notorio de estas gentes es su exquisita sociabilidad, afabilidad y cortesanía, que siempre encuentran la frase oportuna y gentil para el que los visita, la hospitalidad para el extranjero, la caridad para el indigente, la generosidad para el amigo […] (López de Mesa, 1970a)”, cita el estudio.

Por supuesto, estas características están presentes en cada región del país y se manifiestan de diferentes formas, y no solo provienen de la influencia chibcha, también de otros pueblos indígenas que habitaron el país, de la peculiar mezcla con otros grupos étnicos y de las condiciones particulares de nuestra geografía.

Lo cierto es que no es solo una percepción, es algo que los colombianos llevamos en la sangre y que nos sentimos particularmente orgullosos de demostrar, en especial a quienes vienen de afuera. Y es que en un mundo cada vez más egocéntrico, en el que las personas están volcadas en sí mismas, tratar a los demás con amabilidad es un lujo. Y Colombia se da el lujo de que sus habitantes sean amables por nacimiento, algo que muy pocos países pueden mostrar como una de sus mayores riquezas.

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Azulejo, el mágico poder del mestizaje

Esta colección de bolsos y billeteras para mujer, inspirada en las icónicas mariposas de la marca y en la geometría de las baldosas colombianas, es una expresión de la particular mezcla de culturas que ha enriquecido nuestro territorio.

Los relatos mágicos y el mestizaje son dos atributos que nos diferencian como país, pero también son los pilares de la refrescante etapa que enfrenta MARIO HERNÁNDEZ en el arranque del nuevo decenio, cuya gran apuesta es la expresión del lujo colombiano.

Ese lujo proviene de la tierra que pisamos y de la riqueza que esta nos ofrece, de nuestro pasado, de la historia que nos hizo el pueblo que somos hoy. Esto es justamente lo que muestra AZULEJO, la línea que evidencia lo que nos hace únicos.

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Inspirada en la geometría de las baldosas colombianas, los bolsos para mujer de esta colección llevan un patrón de mariposas que hace homenaje a los azulejos de las casas y fincas de antaño con sus eclécticas combinaciones de formas y colores, las cuales son resultado de una particular mezcla de culturas y movimientos artísticos.

Este diseño repetitivo inédito de MARIO HERNÁNDEZ enriquece la parte frontal de carteras y billeteras elaboradas en cuero vacuno de apariencia lisa y de formas simples pero contemporáneas que muestran, además, hermosos contrastes de color.

Los azulejos de mariposas son bordados sobre un pedazo de textil que luego es aplicado a la piel para crear este efecto óptico en el que se fusiona tradición y modernidad, y que hace énfasis en uno de los elementos icónicos de la marca: las mariposas.

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El origen de las baldosas colombianas

Según el estudio Magia de formas y colores: las baldosas de Barranquilla, los pisos hidráulicos del barrio El Prado, de la diseñadora gráfica Beatriz Jiménez y la arquitecta Rossana Llanos —publicado en 2015 en la revista Memorias—, las baldosas de cemento y los mosaicos llegaron a Colombia en la época de la República y se convirtieron en un novedoso material para la arquitectura, el cual  aportó un cambio significativo en el manejo de los interiores, dotando a los espacios de beneficios estéticos, bioclimáticos e higiénicos.

Estos elementos ornamentales fueron muy bien recibidos en ciudades del Caribe colombiano, especialmente en Barranquilla, una población que en este período —de acuerdo con la publicación—, acogió diferentes migraciones que trajeron consigo diversas costumbres y tradiciones, muchas de ellas reflejadas en la arquitectura y, específicamente, en las baldosas y azulejos.

Esta amalgama única de culturas hizo que los pisos hidráulicos estuvieran influenciados por diferentes tendencias y estilos artísticos que llegaron a esta y otras ciudades de Colombia, como el art nouveau, el art déco, el arte románico-bizantino, el arte renacentista, el arte griego y el arte islámico, encontrando —dicen las autoras—, posibilidades de mezclas entre lo fitomorfo y lo geométrico, y dando como resultado un estilo Ecléctico.

En cuanto al color, el texto explica que a diferencia de otros lugares en el mundo donde también se utilizaron, las baldosas de las ciudades caribeñas, y en general de las colombianas, acogieron una paleta muy luminosa y contrastante de hasta cinco colores por cada diseño y mínimo dos en el caso de los más sobrios, predominando la aplicación de cuatro tonos distintos.

La riqueza de motivos y colores de las baldosas colombianas es un legado único de aquella época, que aún puede verse en algunos sitios de nuestro país, como el citado barrio El Prad, en Barranquilla, y que es solo una muestra de la abundancia cultural que nos dejó el mestizaje, uno de los grandes lujos que tenemos como nación.

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Fundación, el cuero en su expresión más pura

Esta colección de bolsos y billeteras para mujer y hombre es una creación de Mario Hernández Zambrano, un homenaje al material que inspiró el nacimiento de su marca homónima y una exaltación al saber hacer marroquinero.

El lujo no se encuentra necesariamente en lo extravagante o en lo opulento, se halla también en aquello que resalta lo esencial, lo verdaderamente valioso. FUNDACIÓN es una colección de bolsos y billeteras para hombre y mujer cuyas siluetas limpias y un tanto minimalistas destacan lo realmente importante: el cuero.

La línea está pensada para los conocedores y amantes de este noble material, para quienes aprecian la mágica sensación de la piel, su olor y su belleza natural. En FUNDACIÓN, la marca lo exalta en su expresión más pura, simple, pero, a la vez, imponente.

Elaborada en 100 % cuero colombiano de curtición vegetal (en su tratamiento se utilizan taninos producidos por una gran variedad de especies vegetales, lo que lo hace amigable con el medio ambiente), desarrollado en San Gil, una pequeña ciudad en el departamento de Santander al norte de Colombia, y protagonizada por modelos atemporales, la colección permite revelar la historia de una materia prima que va adquiriendo carácter con el paso del tiempo gracias a sus huellas y marcas originales.

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Ideada por Mario Hernández Zambrano, fundador de la marca, FUNDACIÓN le rinde homenaje al saber hacer marroquinero, al arte de la talabartería (en los inicios de la marca, el logo era un talabartero), al trabajo del cuero y a la artesanía que implica transformarlo en piezas únicas. Además, está basada en los fundamentos de MARROQUINERA, la compañía que fundó en 1978. 

Se destaca de su diseño que no lleva forro, únicamente la suave carnaza, lo que lo hace ligero. También la doble costura en hilo grueso en color contrastante que se ve en las sillas de montar y, en su versión masculina, el imponente Unicornio de la marca, inspirado en el caballo de paso fino colombiano, patrimonio genético de nuestro país.

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Una historia de amor al color

Una de las grandes apuestas de MARIO HERNÁNDEZ ha sido la mezcla única de tonos y texturas, pero no siempre fue así. ¿Cuándo cambió todo? Te contamos.

Larga ha sido la historia de amor entre MARIO HERNÁNDEZ y el color, pero el enamoramiento no ocurrió de la noche a la mañana. Fue naciendo, poco a poco y lentamente hasta alcanzar su máxima expresión.

Cuando Marroquinera S.A. se constituyó en 1978 y estableció su planta de producción en la carrera 59 No. 9-77, en Bogotá, estaba dedicada a la creación de artículos de cuero para el mercado masculino. El producto icónico de aquel entonces era el maletín Piloto, diseñado para los pilotos y abogados de la época. Era completamente negro. 

La innovación llegó a la marca poco a poco y el primer paso lo dio en los materiales: seis años después de haber explorado el mundo del cuero, la compañía le dio vida a una colección elaborada casi por completo en lona, llamada Marroquinera Sport, ya que el cuero hacía el equipaje muy pesado para los viajeros. La línea era predominantemente negra, a excepción de algunos detalles en cuero color ámbar.

En 1995, luego de que la empresa fracasara con su primera tienda en el exterior, ubicada en el Trump Plaza en Nueva York, pasó a tener el nombre MARIO HERNÁNDEZ y le apostó también al mercado femenino. Aunque en las primeras colecciones la presencia del color era más bien tímida en aquella época, Bogotá era un mercado muy clásico, en especial en los temas de moda, pronto nacería una colección que lo cambiaría todo: Mariposas.

En 1999, el empresario santandereano Mario Hernández Zambrano, fundador de la compañía, encontró en una curtiembre italiana unos hermosos cueros trabajados a mano con mariposas grabadas. Sin pensarlo dos veces los compró y los llevó a su fábrica.  

Aunque en la organización no recibieron muy bien la novedad, hizo oídos sordos y continuó adelante con su idea. En el 2000, con el nuevo milenio, lanzó “Celebra”, línea a la que posteriormente bautizó “Mariposas”, y con ella la mujer se convirtió en la inspiración y usuaria principal de los productos MARIO HERNÁNDEZ. En ese momento arranca esta historia de amor al color, que es también la historia de amor por las mariposas.

Desde entonces, la mezcla de tonos y texturas ha sido una constante en la marca. Tanto así que su fundador decidió seguir nutriendo el idilio y de paso hacer visible

su gran pasión por el arte mediante una alianza con el pintor estadounidense William DeBilzan, otro amante del color, y trasladó las obras del artista a sus carteras. Este es el origen de la colección DeBilzan, que reproduce obras pictóricas dentro de un marco de arte marroquinero.

UN AMOR QUE RENACE

Con la llegada de Lorenzo Hernández hijo menor del fundador a la compañía, este amor renovó sus votos. El director creativo de MARIO HERNÁNDEZ le apostó a la vasta riqueza natural, cultural, artesanal y étnica que ofrece el territorio colombiano para inspirar no solo las nuevas colecciones, también un nueva imagen para la marca. El logo, la tipografía y hasta su icónico Unicornio fueron renovados. Los pullers, los forros internos, los empaques y las vitrinas también pasaron por una metamorfosis en la que el color es clave.

Los tonos originales del logo cambiaron: ahora se puede ver en una combinación de dorado (que representa la lucha de la marca por ser la mejor en el saber hacer marroquinero) y azul (basado en la mariposa morpho azul colombiana, una especie única). Adicionalmente, la ilustradora María Paula Moreno creó una hermosa y colorida imagen que muestra la exótica belleza de la fauna y la flora colombianas, la cual está presente tanto en las colecciones como en la parte interna de algunos productos y en las bolsas de empaque.

La marca hoy se da el lujo del color, porque ha tomado a Colombia como fuente de inspiración y a su infinita variedad de tonalidades, que bañan de la tierra al cielo este mágico territorio, para vestir sus colecciones.   

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La vida es una oportunidad

La historia del empresario santandereano Mario Hernández Zambrano y de la marca a la que le dio vida en 1978, ha sido una lección de resiliencia. ¿Cuál es su secreto para seguir adelante a pesar de los obstáculos? Descubre cómo ambos creador y creación le han hecho frente a los momentos de aprendizaje.

“Todo es un proceso que uno tiene que aprender” es una de esas frases que se le escuchan con frecuencia al empresario santandereano Mario Hernández Zambrano, fundador de MARIO HERNÁNDEZ, y su vida es una muestra de ello.

Ha tenido que empezar de cero muchas veces, pero en lugar de sentirse frustrado y derrotado, siempre ha tenido en su mente una sola idea: insistir, insistir, insistir.

“Nunca sabrás qué tan fuerte eres hasta que ser fuerte es la única opción”, es otra de sus memorables citas y sí que sabe de fortaleza: nació el 31 de octubre de 1941 en Capitanejo, Santander. Mayor de cuatro hermanos, creció en el seno de una familia tradicional que se vio forzada a dejar su tierra y a desplazarse a Bogotá debido a la violencia que sufría tanto la región como el país por esos días. Tenía 7 años.

A los 10 perdió a su padre, así que tuvo que ayudar a su madre con los gastos del hogar. “¿Qué pasó al faltarme papá? Me obligó a salir adelante, me obligó a pensar, me obligó a reestructurarme; me obligó al reto de la vida”, afirmó el empresario en sus redes sociales.

Cuatro años más tarde consiguió su primer trabajo como mensajero de una empresa textil y luego ascendió al cargo de vendedor. Paralelamente, se propuso buscar diferentes fuentes de ingresos para mantener a su familia, que iban desde apoyar a su mamá con la venta de tamales los fines de semana, hasta vender sombrillas en temporada de lluvias.

Al cumplir 19 años se dedicó a arreglar las vitrinas de algunos almacenes del centro de la capital y aunque siempre encontraba la manera de llevar dinero a su casa, a los 21 dejó de querer trabajar para otros. Entonces, decidió montar un lugar en el que las personas pudieran comprar productos alimentarios de alta calidad como quesos y jamones, o tomarse un buen café, y fue así como abrió “La tienda de la esquina”. Después, inauguró una oficina de finca raíz.

Hasta que a su vida llegó el cuero: decidió asociarse con su hermano Álvaro y comprar un almacén llamado “Govis”, que pagaron con las ganancias que este les dejó; posteriormente, cambiaron el nombre a Cuerolandia. Dos años más tarde, ya tenían ocho almacenes en diferentes puntos de la ciudad.

Pero no se quedó ahí. Mario Hernández se dio cuenta que necesitaba crear sus propios productos pues no encontraba en el mercado nada de la calidad que soñaba. Fue así que compró la compañía Marroquinera D.C y trasladó sus instalaciones de Cali a Bogotá. Un día de julio de 1978 la compañía fue registrada Marroquinera S.A.

Años más tarde, en 1992, tomó una de las mejores decisiones de su vida: puso una tienda en Nueva York pensando que tenía el mejor producto y fracasó. “Yo creí que Colombia era, la ignorancia, el país más verraco del mundo. Llevé matas de café, todo era color café y negro, yo no sabía que había estaciones, me cogió la época de la bolsa; sin embargo, estuve como cuatro años. Perdí plata, pero fue la mejor inversión. Ese fue mi MBA”, le contó el empresario a la revista Bocas de El Tiempo.

Una de las razones de esta derrota a la que Mario Hernández prefiere referirse como enseñanza, era el nombre; en ese mercado Marroquinera era impronunciable. “Un amigo me recomendó una firma de España, llegué a Madrid y Carlos Carrión, un hombre grandote, que fue vicepresidente de mercadeo de Telefónica, me dio una clase de mercadeo por todo Madrid, qué es una marca, cómo se maneja y me dijo: ‘Usted maneja una marca de lujo y eso lleva el nombre del fundador’. Llegué a Colombia, dije bajen los avisos de Marroquinera y Cuerolandia y pongamos MARIO HERNÁNDEZ. Eso fue en 1995. Nadie me quería volver a comprar”, aseguró en la misma publicación.

Pero no fue por mucho tiempo. Actualmente, MARIO HERNÁNDEZ no solo cuenta con 44 tiendas repartidas a lo largo y ancho del país, también tiene presencia en Panamá, Venezuela, Costa Rica y Aruba. “¿Qué soy hoy día? Un resultado de mi pasado, de todo lo que he hecho, de lo que he venido superando, de cómo he venido subiendo la escalera de la vida, escalón por escalón, todo eso han sido enseñanzas. Llegar a viejo con satisfacción propia, eso no tiene precio”.

Hoy el mayor lujo de la marca es tener 42 años de experiencia, de aprendizajes y de enseñanzas que no terminan. El lujo colombiano es seguir insistiendo…

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La magia de las mariposas

Símbolo de evolución, pero también de feminidad y sutileza, las mariposas MARIO HERNÁNDEZ han estado presentes en la marca desde hace 21 años. La línea que lleva su nombre es vestida cada temporada con diferentes efectos de color para que su cuero siempre renazca.

Las mariposas MARIO HERNÁNDEZ son parte fundamental del ADN de la marca. La belleza, el colorido y el proceso de desarrollo biológico de estos insectos alados, los convierte en una fascinante referencia de nuestra rica fauna colombiana.

En Colombia existen más de 3.500 especies, pero una de las más queridas por la firma es la Mariposa Morpho Azul, que se caracteriza por su gran tamaño (llega a medir hasta 20 cm) y su exótico color azul iridiscente, aunque este no es más que el producto de un efecto de la luz reflejada en las escamas de la parte superior de sus alas.

El particular tono fue tomado como inspiración para darle vida al nuevo logo de la marca y está presente en la colección Primario Color, combinado con amarillo oro. Por supuesto, las mariposas más importantes para la marca son las de la colección que lleva su nombre y cuya historia empezó hace 21 años.

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Las Mariposas MARIO HERNÁNDEZ

Mario Hernández Zambrano se enamoró de las mariposas en 1999, cuando encontró en una curtiembre italiana unos hermosos cueros trabajados a mano con mariposas grabadas. Sin pensarlo dos veces, el empresario santandereano, nacido en Capitanejo, un pueblo al norte de Colombia, los compró y se los llevó a su fábrica de carteras en la zona industrial de Bogotá.

Estaba entusiasmado con la idea de crear una colección, pero al interior de la compañía la noticia no recibió el mismo respaldo. Aun así, como buen visionario, le dio vía libre a la línea. “¿Es que ustedes me van a comprar la producción? No, ¿cierto? ¡Entonces háganlo!”, fue su respuesta a los escépticos.

En el año 2000 nació “Celebra” y con la llegada de un nuevo milenio, MARIO HERNÁNDEZ pasó de enfocarse casi exclusivamente en el mercado masculino, a especializarse también en el femenino. El primer modelo fue un bolso de cordón o tula de cuero italiano grabado con mariposas que salió en edición limitada. Las primeras carteras se agotaron rápidamente.

En ese entonces, el empresario no sabía que aquello que visionaba para MARIO HERNÁNDEZ, una colección protagonizada por estos insectos alados, se convertiría en la línea emblemática de la firma. 21 años después es imposible concebirla sin ellos.

Nuevos colores cada temporada

Cada seis meses, la marca renueva el color de sus Mariposas para que siempre renazcan. Y así ha sido. Hoy, las Mariposas MARIO HERNÁNDEZ se reconocen en cualquier lugar de Colombia y en algunas partes del mundo.

Su éxito llegó, incluso, a la pantalla chica, gracias a que Marcela Valencia, uno de los personajes más sofisticados de la famosa telenovela Yo soy Betty la Fea, llevó carteras de la colección Mariposas en muchos episodios. Eso consolidó su condición de línea emblemática con solo tres años en el mercado.

En 2003, MARIO HERNÁNDEZ celebró su aniversario número 25 y decidió refrescar la línea. Para hacerlo, llegó a un acuerdo con la curtiembre italiana que le surtía los cueros de Mariposas con el fin de que le creara una placa exclusiva. Además, contrató al consultor de accesorios Carlos Mario Osman –quien ha asesorado a afamadas firmas internacionales como Gianfranco Ferré, Bally, Giorgio Armani y Roberto Cavalli–, para que realizara el diseño.

A partir de ese año, las Mariposas MARIO HERNÁNDEZ, que antes se hallaban puestas al azar sobre el cuero, parecen volar alrededor de una gran MH –iniciales de la marca–, con la que comparten protagonismo. Hoy, también, han pasado de habitar el material insignia de la marca para convertirse en herrajes metálicos y colgantes, e inspiraron la silueta de otra exitosa colección de la firma: Alas.

La presencia de estos hermosos y coloridos insectos alados en la marca es un símbolo del florecimiento y de la transformación que caracteriza tanto a MARIO HERNÁNDEZ como al espíritu de su fundador. No en vano es una de las colecciones más exitosas, tanto en ventas como en reconocimiento.


Creada por manos femeninas

El cuero con el que se fabrican las carteras y artículos de marroquinería pequeña de esta línea tiene un grabado o placa hecho en exclusiva para MARIO HERNÁNDEZ en Italia. Por su delicadeza, es tratado durante casi todo el proceso (a excepción del corte) por manos femeninas, pues las mujeres manejan la piel con mucha suavidad; de hecho, cuando se trabaja con colores suaves, quienes están en contacto con el cuero deben usar siempre guantes para resguardarlos

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La creación de un producto de la colección Mariposas MARIO HERNÁNDEZ inicia en el departamento de diseño, ocupado casi exclusivamente por mujeres; allí se crean los bosquejos de los modelos de cada colección. Estos pasan luego al área de ingeniería (donde prima también el trabajo femenino) en la que se hacen los prototipos; luego, con el cuero y los patrones definidos, se sigue a la sección de corte.

Como los bolsos de la línea no requieren desbaste plano para reducir el calibre del cuero gracias a su placa exclusiva, el paso siguiente es el prearmado, momento en el que se ensamblan las partes pequeñas, y, posteriormente, el armado final. Después se continúa con los acabados, el control de calidad y el embalaje, pasos gobernados por manos de mujer.

“Siempre me han gustado las mariposas. Su historia es hermosa, así como su colorido, su diversidad y su proceso de transformación. Por eso las quise en la marca y por eso siguen en ella hasta hoy”, dice Mario Hernández de su colección emblemática.

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Yolanda Méndez, la sonriente anfitriona de presidencia

El patrimonio más importante de MARIO HERNÁNDEZ es su gente. La mano derecha de Don Mario, fundador de la marca, lleva 37 años de recorrido en la compañía. Esta es su historia.

En MARIO HERNÁNDEZ nos damos el lujo de decir que hemos construido una gran familia. Y uno de los miembros más antiguos, desde que la marca se estableció en Colombia en 1978, es Yolanda Méndez, actual mano derecha de presidencia.

‘Yola’, ‘Yoli’ o ‘Yolis’, como le dicen en la compañía, no solo es una de las personas más conocidas y representativas de la empresa, es, además, la sonriente anfitriona que con su amabilidad y dulce voz recibe a quienes llegan al segundo piso de la fábrica de MARIO HERNÁNDEZ, ubicada en el corazón de la zona industrial de Montevideo, en Bogotá.

Conoció a ‘Don Mario’, su actual jefe, cuando tenía apenas 11 años. Por ese entonces, él tenía una oficina de finca raíz llamada Hernández & Mayorga y su mamá, a quien cariñosamente le llamaba ‘marujita’, trabajaba allí.

‘Yolis’ lleva 37 años en la organización, a donde llegó a los 22, cuando apenas empezaba su vida laboral. Inició su recorrido como empacadora en el almacén de la marca localizado en la Calle 19 con Carrera 5, en pleno centro de la Capital y, poco a poco, fue escalando peldaños: primero estuvo en caja, luego fue vendedora y finalmente administradora de tienda, hasta que pidió una oportunidad para trabajar directamente en la fábrica y poder estar más presente en su hogar.

Tiene tres hijos varones de 37, 36 y 21 años, y una nieta de 11. Los que la conocen dicen que es honesta, trabajadora, comprometida y entregada, que tiene un corazón de oro que late por su familia y por sus hijos, que es una gran mujer, amorosa, buena compañera y amiga; una excelente persona y un ser humano admirable en todo el sentido de la palabra. Cortos se quedarían los elogios que podríamos darle a su disposición, actitud de servicio y calidad humana.

Por eso cuando ‘Yoli’ pidió un cambio -para entonces ya llevaba 10 años en la familia-, este se le dio. En la fábrica inició en armado, pero pronto pasó a la parte administrativa: archivo de cartera, archivo de nómina, facturación nacional, facturación de exportaciones y asistente de la gerencia de mercadeo. Desde hace 17 años es asistente de presidencia.

“Ellos son como mi segunda familia y es un orgullo seguir en la compañía hasta hoy”.

Lujo es haber reunido a una familia que sigue creciendo año tras año.

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